Especulaci—n internacional con productos agr’colas
Por Umberto
Mazzei
Ginebra, 27/01/2011
Henry Kissinger
dijo hace tiempo que quien controla la comida controla la gente. Dicho de otro
modo, el mundo se somete cuando ve a sus hijos perecer de hambre. As’ someti— a
los ind’genas que defend’an sus tierras el gobierno norteamericano: extermin—
los bisontes que los prove’an de alimento y ofreci— comida en reservaciones. Algo
parecido hizo el gobierno brit‡nico para someter a las repœblicas boer en
Sud‡frica: encerr— su poblaci—n civil en los primeros campos de concentraci—n de
la historia y la dejo perecer de hambre.
El control global
de la alimentaci—n es una aspiraci—n
de los de carteles ap‡tridas que lucran con ella. La situaci—n actual es
que hay seis grandes empresas transnacionales que controlan la compra y de
venta internacional de los productos agr’colas. Los precios de la comida se fijan
en los centros burs‡tiles de Chicago, New York y Londres. Algunos pa’ses productores
defienden a su poblaci—n de especuladores restringiendo la exportaci—n hasta
que sea satisfecha la demanda nacional. Tiene un objetivo claro y leg’timo:
estabilizar precios internos y asegurar el abastecimiento propio. Esos precios
nacionales son un testimonio inc—modo de los precios reales y estorban el
control total de los mercados.
Estando as’ las
cosas, se reunieron hace unos d’as, en Berl’n, los ministros de agricultura de
50 pa’ses, para debatir sobre el alza, a fines del 2010, de los precios internacionales
en los productos agr’colas b‡sicos. Ante la asamblea, el infatigable Pascal
Lamy, Director de la OMC, hizo mŽritos a favor del cartel de la alimentaci—n.
Es de esperar que le den empleo, cuando pierda el suyo. Su intervenci—n atribuy—
el alza record de los precios internacionales de los productos agr’colas a esos
limites a la exportaci—n que algunos pa’ses aplican[1].
Un caso de lo que en NorteamŽrica llaman ÒspinÓ, que es dismular la verdad con
un falso argumento; una versi—n del sofisma griego.
ÒLas
restricciones a la exportaci—n son una causa primaria de la presente y reciente
alza sœbita en los precios globales de los alimentos y los pa’ses deber’an encontrar
otros medios para asegurar el abastecimiento domŽsticoÓ dijo el s‡bado [22/01]
el jefe de la OMC[2]. ÒLas
restricciones a la exportaci—n siembran p‡nico en los mercados cuando
diferentes actores ven subir los precios a velocidad estelarÓ. ÁS—lo falt— que
en lugar de p‡nico dijese terror!
El Sr. Lamy parece
no comprender que la sœbita alza de los precios en productos agr’colas,
reportada hace tres semanas por la FAO (Organizaci—n para la Alimentaci—n y la
Agricultura), no puede atribuirse a unos controles que han estado siempre all’.
Controles que, como Žl reconoce,
son impuestos para no desabastecer a la poblaci—n de los pa’ses productores y que
– aunque Žl no lo diga- estabiliza precios agr’colas nacionales e
internacionales. Este œltimo punto es el que m‡s molesta a los carteles que
manejan el comercio internacional.
La propuesta del
Sr. Lamy para responder de otro modo a la garant’a de alimentos a la gente propia
es enga–osa. Dice Òse debe aumentar la producci—n global de alimentos, m‡s
redes de seguridad social, m‡s ayuda alimentaria y reservas de alimentos y
Éexceptuar la ayuda humanitaria de las restricciones a la exportaci—n.Ó
Miremos lo de
aumentar la producci—n global de alimentos. Hay pa’ses que deben importar
alimentos y viv’an de sus campos, hasta que los subsidios a la exportaci—n de
los pa’ses ricos arruin— a sus agricultores. Hay que recordar que la OMC
permite subsidios a unos pa’ses y los proh’be a otros. M‡s producci—n en pa’ses
que subsidian empeorar’a la crisis rural del Tercer Mundo. Los altos precios tampoco
incentivar’an m‡s producci—n, porque no obedecen a una mayor demanda ni benefician
a los productores. Quienes fijan y ganan con esas sœbitas alzas de precios son otros.
Un aumento de la producci—n de alimentos para estabilizar precios, tendr’a sentido
s—lo si sucede en pa’ses que perdieron su autonom’a agr’cola. Para eso, es
necesario eliminar los subsidios a la exportaci—n y las ayudas que distorsionan
los precios agr’colas.
Sobre la ayuda
alimentaria. Es bueno recordar que es un instrumento para desplazar y destruir
la producci—n local. Hay casos en que es una importaci—n impuesta, como en
Guatemala, que debe aceptar una cuota de ÒayudaÓ aunque no haya necesidad. Otro
ejemplo es Honduras, autosuficiente en arroz antes del hurac‡n Mish. El
desastre liber— el ingreso a toneladas de arroz norteamericano, subsidiado al
80%. Los precios no se recuperaron y la producci—n nacional muri—. Es notorio el
caso de Hait’, porque el Presidente Bill Clinton reconoci— su culpa en la
destrucci—n de la agricultura haitiana, cuando impuso su ayuda alimentaria Òmanu
militariÓ y oblig— al gobierno de Haiti a obedecer la receta del FMI y bajar su
arancel del 35% al 3%; pero esos antecedentes no parecen hacer mella en el Sr.
Lamy.
El Sr. Lamy dijo
m‡s adelante, que Òes probable que un resultado de [la Ronda] Doha sea que haya
mas alimentos producidos donde pueda hacerse con m‡s eficienciaÓ. All’ estar’amos
de acuerdo, pero no lo creemos probable. La Ronda Doha se acept— por el mandato
de eliminar los subsidios que distorsionan los precios agr’colas; el resultado
ser’a que exportaran solo las agriculturas eficientes, que son casi todas de pa’ses
en desarrollo. Lo que sucede en la realidad es que la Ronda Doha est‡ trabada
porque no se quiere disminuir los subsidios y lo que se pide ahora es m‡s apertura
comercial en bienes no agr’colas , m‡s concesiones en Propiedad Intelectual y Servicios
y menor espacio para pol’ticas econ—micas nacionales.
La
especulaci—n con la comida
El FMI manda austeridad
fiscal a los gobiernos europeos arruinados por pagar las deudas de bancos
privados, pero omite mencionar los subsidios de la Pol’tica Agr’cola Comœn
europea -PAC. Tampoco menciona los subsidios agr’colas la nueva mayor’a
republicana del Congreso USA cuando pide recortes al gasto pœblico. Hay muchos
privilegiados que ganan dinero con ellos. La austeridad se centra en quitar protecciones
contra la miseria y que coincide con el alza vertical de precios en los
productos alimentarios y una disminuci—n del empleo.
Esta en obra un
proceso de empobrecimiento general causado por pr‡cticas que enriquecen a los banqueros
y especuladores burs‡tiles globales. El Sr. Lamy y los ÒlideresÓ del G-20 , que
acusan las restricciones a la exportaci—n por el alza de precios, deber’an
estudiar m‡s de cerca esa especulaci—n que no mencionan y los medios que usa
para hacer subir los precios.
La teor’a econom’a
dice que los precios siguen la oferta y la demanda. Mientras los humanos
tengamos un solo est—mago, no puede subir sœbitamente la demanda de alimentos. ÀEs
que nos van a contar, como en 2008, que los precios subieron por la demanda de
cereales para producir etanol?. Se prob— que ment’an. No hubo aumento en la
producci—n de etanol y los precios bajaron tan sœbitamente como subieron, sin
aumentar la producci—n agr’cola. Esta claro que el hambre de millardos en 2008 fue
obra de ‡vidos especuladores burs‡tiles.
Los diarios
establecidos investigan poco y repiten lo que sale de las bocas m‡s encumbradas.
Las sequ’as o las inundaciones no son la causa principal de alzas sœbitas y globales
de precios. Tampoco las restricciones a la exportaci—n. Las alzas sœbitas son
obra de la manipulaci—n en mercados burs‡tiles, que es donde se forman los
precios. La existencia f’sica del bien, como digamos, cereales, no es ni
siquiera necesaria para la formaci—n de su precio, porque en la realidad los
cereales ni se compran, ni se venden, ni se entregan: se cotizan.
Las cotizaciones
se suelen basar en el ’ndice de los fondos para productos b‡sicos[3],
que son apuestas sobre el comportamiento burs‡til de valores agr’colas espec’ficos.
La manipulaci—n se coordina entre agentes burs‡tiles institucionales,
instituciones financieras y
comerciantes globales. Se apuesta a la suba o a la baja de un producto
espec’fico y luego se manipula el precio para ganar la apuesta. Para contar la
ganancia basta vender opciones de compra, sin detentar la propiedad de algœn producto
existente en alguna parte. TambiŽn se puede apostar a la baja, ganando cuando
el precio burs‡til colapsa, con el llamado Òshort sellingÓ[4].
Del 2006 al 2008
subieron escandalosamente los precios de los productos b‡sicos, sobre todo en
arroz, trigo y ma’z. La tonelada de arroz subi— de $600 en 2003 a $1800 en 2008[5].
Luego de los disturbios populares que causaron en el mundo, los precios bajaron
tan r‡pido como hab’an subido. Otra prueba de que la causa no era econ—mica.
El informe de la
FAO dice que los cereales subieron un 32% en la segunda mitad de 2010 y que el
’ndice compuesto de azœcar, carne, leche, cereales y oleaginosas super— en
diciembre los niveles del 2008. Si no se controla la especulaci—n, esta vez habr‡
disturbios en Europa.
El papel del
d—lar
Una causa fundamental
de la inestabilidad de precios es la debilidad del d—lar. No puede ser la referencia
de valor comercial una moneda que, en cuatro a–os, se devalu— un 400% contra el
oro y 60% contra el franco suizo. Esa devaluaci—n caus— pŽrdida de poder
adquisitivo a todos los salarios, pensiones y rentas fijas del mundo, pero
tambiŽn la reducci—n real de todas las deudas denominadas en d—lares. Por eso,
tampoco es admisible que el pa’s m‡s endeudado del mundo garantice la
estabilidad financiera de los intercambios comerciales.
La situaci—n viene
mal desde 1971, cuando Estados Unidos devalu— sus deudas y reneg— el patr—n
oro. El dinero y los valores emitidos desde entonces por la Reserva Federal y las
entidades que esa respalda sobrepasa largamente el PIB de Estados Unidos y hasta
el Producto Mundial Bruto; es una deuda impagable, es decir, que Estados Unidos
quebr—.
Conclusi—n
Para que haya
estabilidad de precios y recuperaci—n econ—mica es indispensable que se
substituya el d—lar como moneda de referencia y se discipline el funcionamiento
de las bolsas de Londres, New York y Chicago. Eso lo debieran considerar -y no
lo har‡n- los capos que se juntan en Davos. Se concentrar‡n, como siempre, en
recetas para una prosperidad excluyente, inmediata y personal.
[1] Los m‡s relevantes son Argentina, China,
India y Rusia.
ÒExport
restrictions are a prime cause of current and recent surges in global food
prices, and countries should find other ways to secure domestic supplies, the
head of the World Trade Organization said on Saturday.Ó
[3] Commodity
index funds
[4] Es pedir prestado valores, venderlos y
pagarlos al valor de mercado cuando el precio cae.
[5] Sobre este tema leer a Michel
Chossudovsky & Andrew Gabin Marshall, The Global Economic Crisis, the
Great Depression of the XXI
Century, Chapiter 7, Ed. Global Research, Montreal, 2010