La OMC supera la Ronda Doha
Por Umberto Mazzei
Ginebra, 25/05/2011
El Director General de
la OMC, Pascal Lamy, finalmente coincidi— con el sentimiento y la opini—n
generalizada de los miembros: no se concluir‡ la Ronda Doha en 2011. Eso despuŽs
de intentar revivir el proceso negociador a principios de a–o, para cumplir con
el calendario impuesto por el G-20 Financiero.
El 21 de abril se
present— el ÒPaquete de PascuasÓ: un compendio de los textos del 2008 y los
informes elaborados por los Presidentes de los Grupos de negociaci—n sobre el
estado de la negociaci—n que cada uno administra. El 29 de abril tuvo lugar la
reuni—n del ComitŽ de Negociaciones Comerciales donde fue evidente que las posiciones
permanecen tan distantes como en el 2008 y tal vez m‡s, porque los Estados
Unidos ha aumentado sus exigencias. Esto œltimo es una fuga hacia delante, fingir
que Estados Unidos quiere m‡s apertura sabiendo que no se va a aceptar y
atribuir a otros la ÒculpaÓ por el fracaso de la negociaci—n. Estados Unidos es
siempre la v’ctima, pero la verdad es que en Washington no hay las condiciones
pol’ticas para aceptar acuerdos internacionales de comercio.
El informe del Director General
sobre el estado de la negociaci—n presenta distorsiones de la realidad. He aqu’
algunas observaciones:
1.
Solo menciona los intereses de algunos
grupos y se concentra en el tema industrial que es, segœn Žl, el tema que impide un acuerdo. No nota la
ausencia de algœn contenido referido al Desarrollo, como exigido por el mandato
de Doha.
2.
Salta ol’mpicamente sobre los desacuerdos en
Agricultura, que es el motor fundamental de las negociaciones
3.
TambiŽn omite se–alar que el Representante
de los Estados Unidos para el Comercio ni siquiera recibi— la autorizaci—n para
negociar y que el Presidente Obama no cuenta con mayor’a en el Congreso.
4.
El informe parece ignorar que
los protagonistas de la negociaci—n son los pa’ses miembros. Los œltimos textos
consensuados son de diciembre 2008; desde entonces se manipula la realidad en textos
y reportes de Presidentes de Grupo y del Director General. Es bueno recordar
que son los 153 miembros soberanos los que deben se–alar el camino a seguir y
no los funcionarios administrativos.
Las brechas en los
distintos temas de negociaci—n siguen siendo grandes y as’ lo admiten tanto los
miembros con pol’ticas propias, como los coordinadores de los diversos grupos
de pa’ses (G-20, G-33, PMA, PVEs, U.E., et al.). El problema surge porque la
Ronda Doha se apart— de su objetivo original de negociar la eliminaci—n de los
subsidios agr’colas de los Pa’ses Desarrollados, que distorsionan los precios
agr’colas internacionales. La situaci—n ahora es que esos subsidios permanecen
y las reducciones propuestas son sobre cifras consolidadas (mentiras te—ricas)
y no sobre los subsidios efectivamente aplicados. A cambio de ese ÒnadaÓ, los Pa’ses
Desarrollados demandan a los Pa’ses Emergentes una apertura casi total no solo en
productos industriales -NAMA (qu’micos, electr—nicos, elŽctricos y
maquinaria), sino tambiŽn en
Servicios (financieros incluidos) y en Agricultura (subsidios agr’colas incluidos).
Esas condiciones no
calzan con la pretensi—n de concluir la Ronda Doha en 2011, para cumplir con la
ret—rica de los capos del G-20 financiero, que luego instruyen diversamente a
sus negociadores. Esa realidad hace que los miembros y la Secretar’a de la OMC se
ocupen ahora de cosas m‡s concretas, como la Agenda de la VIII Conferencia
Ministerial en diciembre de este a–o. Por ahora, se han abierto las consultas
por iniciativa del Presidente del Consejo General y se adelantan propuestas
para incluirlas en esa Agenda, para ver si sale un peque–o ÒpaqueteÓ de
acuerdos que levante el prestigio de la OMC.
En ese procedimiento se
debe estar atentos a que prive el principio del ÒTodo ònicoÓ de la negociaci—n;
que significa que nada est‡ acordado hasta que todo no estŽ acordado. Hay sondeos
para una Òcosecha tempranaÓ de los puntos en que hay acuerdo, pero adem‡s de
que no hay acuerdo en nada, eso no debe usarse para dividir el ‡mbito multilateral
que protege a quienes no pueden resistir presiones poderosas.
Llegando al final del juego.
Cuando el director
general de la OMC reconoci— que no aspira a concluir la Ronda Doha este a–o, acus— de esa culpa a los Pa’ses en Desarrollo,
pero tambiŽn reconoci— que los Estados Unidos pretende demasiado al exigir que
pa’ses como Argentina, Brasil, China, India o Sud‡frica, reduzcan sus aranceles a
cero para ciertos sectores industriales, como productos qu’micos, electr—nica y
maquinaria industrial. El di‡logo se hizo c—mico cuando el Embajador Mike Punke
intervino para reclamar porque –dijo- Estados Unidos no solo pide acceso
total en bienes industriales, sino que tambiŽn en Servicios y Agricultura.
El Sr. Lamy le
respondieron otros recordando que los pa’ses en desarrollo propusieron que se desmantelen
los subsidios agr’colas y se abra el mercado agr’cola de los Pa’ses
Desarrollados para rebajar entonces los aranceles de sus industrias entre 30 y
50 por ciento. Entre esas intervenciones se distingui— la del Embajador de
Brasil, Roberto Acevedo, por una frase lapidaria: Ó Quiero recordarle que no
estamos en el juego final; estamos llegando al final del juegoÓ.
Esa frase de Acevedo resalta
la disparidad de criterios o de enfoques que hace casi imperativo que el juego
termine ya. No s—lo porque en el curso de la negociaci—n se escamoteo el
objetivo de su raz—n de ser y que nada queda de su promesa inicial: el Desarrollo.
Debe terminar tambiŽn por la conciencia de nuevas amenazas y los viejos
criterios heredados del GATT, han evolucionado bajo otra perspectiva Žtica y
econ—mica internacional. Un par de ejemplos.
Hoy sabemos que la
apertura del sector financiero no es la apertura a un comercio de servicios como
los otros. Esta comprobado y admitido que la eliminaci—n de controles a las
actividades del sector financiero en los Estados Unidos es la causa y el origen
de la presente crisis econ—mica, que sigue su curso, porque no ha terminado. Una
crisis que alcanz— una amplitud sin precedentes por la contaminaci—n que caus— el
libre contacto ’ntimo entre actores financieros. Si cuando hay amenaza de
pandemias se erigen controles, se restringe la movilidad y se toman medidas preventivas, igual
cosa debe hacerse para evitar pandemias financieras, que pueden ser aœn m‡s
mort’feras, como la especulaci—n con precios de los alimentos. La ONU y el G-20
financiero ya han recomendado reformas que contradicen las disposiciones del
Acuerdo de Servicios de la OMC.
Al otro extremo de ese
espectro, tenemos el caso de un bien natural: el agua. Segœn la OMC, el agua es
una mercanc’a que se compra y se vende como cualquier otra y que debe obedecer
las leyes del mercado: darla a quien pague m‡s. Ese criterio contradice normas
internacionales m‡s modernas, de mayor contenido social y ecol—gico, que ven en
el agua un Òbien comœnÓ que trasciende los mercados, el agua como algo que no
es apropiable. Ese es el criterio que rige la Declaraci—n 292 de la Asamblea
General de la ONU de agosto 2010 y la Resoluci—n 9 del Consejo de Derechos Humanos
de la ONU de octubre 2010.
Propuestas para el futuro
La OMC tiene mucho que
hacer con asuntos m‡s œtiles que la trampa que result— ser la Ronda Doha. No
s—lo queda mucho trabajo pendiente sobre la interpretaci—n de los textos de la
Ronda Uruguay, sino que es buen momento para presentar propuestas concretas,
pr‡cticas y modernas a las que se dej— espacio para desarrollarse en los acuerdos
fundadores de la OMC.
Dos pa’ses miembros del
ALBA: Cuba y Ecuador, con el apoyo de Nicaragua y Bolivia, presentaron para la Agenda
Ministerial una excelente propuesta sobre Comercio Electr—nico. La propuesta quiere
mitigar la brecha digital existente entre los Pa’ses Desarrollados y
los Pa’ses en Desarrollo. Una
brecha digital que Òlimita la producci—n y la circulaci—n de
conocimientos, acentœa el atraso econ—mico e intensifica peligrosamente la
incomprensi—n entre los pueblos.Ó
La propuesta analiza la situaci—n
sobre una inobjetable base estad’stica y sus aspiraciones se basan en estudios
presentados en la Cumbre Mundial sobre la Sociedad de la Informaci—n (CMSI) de la
Uni—n Internacional de Telecomunicaciones (UIT) de Ginebra (2003) y de Tœnez (2008)[1].
TambiŽn incluye las de la Asamblea Mundial de Normalizaci—n de las
Telecomunicaciones realizada en Johannesburgo en octubre de 2008[2]
y las del Informe ÒEconom’a de la Informaci—nÓ[3],
presentado por la UNCTAD en octubre 2010. Su objetivo es la
mejora de las condiciones para la micro, peque–a y mediana empresa, que son
mayor’a en los pa’ses en desarrollo.
La idea es crear en la OMC un Grupo
de Trabajo que estudie la relaci—n entre Comercio
Electr—nico y el Desarrollo, abierto a la participaci—n de todos los Miembros,
bajo el auspicio del ComitŽ de Comercio y Desarrollo. El Grupo de Trabajo entrar’a
en contacto con organizaciones como UNCTAD, UIT y OMPI para conocer los
medios tŽcnicos y presentar’a informes semestrales al ComitŽ de Comercio y
Desarrollo. El tema de Comercio Electr—nico ser’a incluido en los programas de Asistencia TŽcnica
Relacionada con el Comercio que ejecuta el Instituto de Formaci—n y Cooperaci—n
TŽcnica de la OMC.
Por su parte, Cuba con el apoyo del
Like-Minded Group y de Ecuador, Nicaragua y Bolivia, present— tambiŽn una propuesta para
mejorar el funcionamiento del îrgano de Entendimiento de Soluci—n de
Diferencias – ESD- cuyas
decisiones y recomendaciones sufren demoras en su aplicaci—n que llegan a
hacerlas irrelevantes, a pesar de que su art’culo 21.1 reconoce la necesidad de
una pronta aplicaci—n. Ese estado
de cosas erosiona la confianza en la eficacia del —rgano y causa da–o ulterior
a la parte perjudicada. Hoy, en la sesi—n de mayo del OSD, Estados Unidos
sufri— su 102 emplazamiento a su negativa por nueve a–os consecutivos, de
acatar las recomendaciones referidas a la usurpaci—n de marcas de una bebida de
Cuba y la ilegalidad internacional de su ÒSecci—n 211Ó En concreto, Cuba propone
adicionar al Art’culo 21.1 un texto que limite el plazo prudencial para el
cumplimiento de las recomendaciones del ESD a un m‡ximo de 48 meses y que en caso
de continuar el incumplimiento se apliquen al miembro culpable medidas
administrativas.
Conclusi—n
La Ronda Doha trata de
eternizar un pasado colonial a favor de las empresas transnacionales ap‡tridas.
Ese vergonzoso pasado debe quedar atr‡s, porque si la OMC tiene un futuro en el
siglo XXI es asimilando nuevas realidades econ—micas y sociales, que han
llegado para quedarse.
[1] Disponible en la p‡gina WEB de la UIT http://www.itu.int/rec/dologin_pub.asp?lang=e&id=T-REC-D.50-200810-I!!PDF-S&type=items
[2] Disponible
en la p‡gina WEB de la UIT http://www.itu.int/publ/T-RES-T.69-2008/en
[3] Information Economy Report 2010: ICTs, Enterprese and
Poverty Alleviation, United Nations-UNCTAD publication, 2010, Switzerland,
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