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Simposium “Sosteniendo un futuro para la Agricultura” Ginebra, 15-19 de noviembre, 2004
Desarrollo global y el régimen corporativo de alimentos Conferencia de Philip McMichael
El sistema alimentario global tiene tres vectores principales: (1) el modelo corporativo de agricultura industrial y transgénica, (2) una variedad de modelos alternativos preocupados por la sustentabilidad de las culturas rurales, ecología y equidad social, y (3) el contexto político-institucional expresando el equilibrio de las fuerzas empresariales y geopolíticas en la economía mundial. Los tres vectores modelan el contenido y la dirección del sistema global de alimentos.
En la actualidad, la Ronda Doha del Desarrollo de la OMC refleja la influencia del primer y tercer vector. Esto es, el objetivo de Doha de aumentar la liberalización del comercio incluye la agenda empresarial de un trato doméstico igual para empresas extranjeras (un acuerdo global de inversiones) a cambio de terminar las subvenciones agrícolas en los países del Norte. Pero el juego de tirar la carnada de desconectar los subsidios de los precios agrícolas moviéndolos a la caja verde (bajo reglas OMC), y manteniendo la capacidad de inundar el mercado mundial con productos agrícolas baratos generó en Cancún un cambio en el equilibrio de las fuerzas geopolíticas. El surgimiento del G-20 liderado por Brasil, India y China y dinamizado por ONGs activistas, cuestionó procedimientos no democráticos manejados por los países del norte de la OMC y temas que abarcan desde las reglas de comercio agrícola pasando por el Acuerdo General de Comercio de Servicios (AGCS) hasta los acuerdos sobre derechos de propiedad intelectual.
Entra el segundo vector, expresado por la Vía Campesina, que está en desacuerdo con la representación del empate de Cancún como un conflicto Norte-Sur. Ella sostiene que el conflicto real es "entre una agricultura centralizada, manejada por las corporaciones, orientada a al exportación e industrial versus una producción sustentable descentralizada, basada en el campesino y la unidad agrícola familiar orientada principalmente hacia mercados domésticos" - un conflicto hecho invisible en las negociaciones globales de comercio.
Puesto simplemente, el sistema global de alimentos contiene una contradicción central entre el modelo corporativo y un modelo más inclusivo de pequeña escala basado en la comunidad. Estas no son simples alternativas - el último representa las condiciones materiales y discursivas que el mundo corporativo trata de apropiarse, bien sea a través de derechos sobre la tierra, ahorro de semillas, biodiversidad, productos básicos para consumidores sin recursos. El tercer vector, el ámbito institucional es un campo de batalla clave en el cual estas oposiciones se resuelven a través de la elaboración de reglas y luchas políticas.
Al inicio del siglo veintiuno, 815 millones de personas (777 millones en Sur global) continúan sin seguridad alimentaria, sin capacidad para cubrir sus requerimientos diarios 6 corporaciones manejan el 85% del comercio mundial de granos e intensifican la integración y el control centralizado de la cadena alimentaria (desde los genes al supermercado). En el nombre del desarrollo global este modelo Nórdico es exportado como la solución a la seguridad alimentaria desplazando agricultores en el Sur y en el Norte. Como dijo un agricultor canadiense y miembro reciente del Comité Coordinador Internacional de Vía Campesina, Nettie Wiebe: " la dificultad para nosotros como agricultores es que nosotros estamos enraizados en los lugares donde vivimos y cultivamos nuestros alimentos. El otro lado, el mundo corporativo es globalmente móvil."
El concepto del 'régimen alimentario'[1] ayuda a situar esta condición. El sistema alimentario centrado en Gran Bretaña de Siglo XIX involucraba un intercambio global de productos tropicales de las colonias por bienes manufacturados de los países europeos y una reasignación transitoria de agricultura templada (europea) a los asentamientos coloniales, donde los sectores agrícolas se asociaban a los sectores industriales domésticos como la base del moderno estado-nación. Los EEUU ejemplificaron el modelo nacional que llegó a ser identificado con 'desarrollo' en la era post segunda guerra mundial. En esa era los EEUU apadrinaron con éxito un 'proyecto de desarrollo' internacional como una política preventiva de la guerra fría. El régimen alimentario centrado en EEUU distribuyó excedentes alimentarios de EEUU como ayuda alimentaria concesionada a gobiernos amigables del Tercer Mundo, impulsando la industrialización al mismo tiempo que los alimentos importados socavaban a los agricultores locales y reconstruían las dietas urbanas según los lineamientos occidentales. También la introducción de tecnologías de la revolución verde en el nombre de la seguridad alimentaria nacional y el desarrollo promovieron cultivos genéticamente modificados con insumos químicos y mecánicos y patrones de dependencia en agro negocios. Este episodio de 'construcción de nación' privilegió un modelo de apoyo a agricultores varones ricos, cultivo de granos macro-nutrientes ('wage-foods') a expensas de cultivos foliares micro-nutrientes y granos, frijoles y cultivos de raíces irrigados por lluvia (alimentos campesinos), poblaciones urbanas sobre las rurales y las élites comerciales y políticas de los países clientes.
El régimen alimentario centrado en EEUU ayudó a establecer una alianza geopolítica con los países del Tercer Mundo por medio de la reconstrucción de sus sistemas agrícolas y dietas sociales y estableciendo las bases de una 'agricultura mundial' integrada por los agro negocios. Irónicamente la internacionalización de los agro negocios de EEUU intensificaron la competencia en el dumping de excedentes alimentarios en los 1970s, cuando Europa adoptó ese modelo. Para los 1980s los EEUU buscaron regular los mercados mundiales de productos básicos agrícolas del programa de liberalización de Ronda Uruguay, culminando en los 1990s en el régimen alimentario corporativo centrado en la OMC, formalizado en el Acuerdo sobre Agricultura (AA).
El régimen alimentario corporativo gira sobre la contradicción entre las relaciones de 'seguridad alimentaria' y aquellas de 'soberanía alimentaria'. Estos términos no son auto-evidentes, sino que necesitan especificación histórica. Durante mucho tiempo fuente de legitimidad para regímenes políticos, la seguridad alimentaria nacional fue central para los ideales del proyecto de desarrollo de la post guerra, manejado multilateralmente mediante la exención de la agricultura del GATT (1947) y a través de programas de exportaciones de ayuda alimentaria y la revolución verde. Como el proyecto de desarrollo ha cedido el paso al proyecto de globalización corporativo, la seguridad alimentaria ha sido redefinida e institucionalizada, en la OMC como una relación de mercado internacionalmente manejada. Como tal, amenaza la autosuficiencia en el Sur global, donde 30-70% de la fuerza laboral es agrícola comparada con un 4% en el Norte global.[2] De hecho, bajo el AA de la OMC, los países miembros ya no tienen más el derecho a la autosuficiencia alimentaria como una estrategia nacional. Aquí, la ley económica de la ventaja comparativa un principio de la estrategia global corporativa, triunfa sobre la declaración de derechos humanos de la ONU (1948), que mira la soberanía sobre la riqueza natural y los recursos como esencial para realizar los derechos humanos.
Soberanía alimentaria ha surgido en oposición a la subordinación de la seguridad alimentaria a la regla de mercado corporativa. Como tal, esta tiene un doble significado: al privilegiar los derechos políticos y económicos como una precondición de la seguridad alimentaria, esto reformula la relación de los estados con sus ciudadanos-súbditos. Dentro de la era de la globalización corporativa, el movimiento de soberanía alimentaria ve a los estados como cómplices en la construcción de una agricultura mundial, insistiendo en que la precondición para una seguridad alimentaria popular es problematizar la visión del proyecto de desarrollo: que el consumismo occidental es un deseo universal y que las culturas campesinas están destinadas a desaparecer.
En esta visión, a través del instrumento de las cuentas nacionales, el proyecto de desarrollo estandarizó medidas de bienestar (PIB) y externalizó la degradación ambiental y las catástrofes sociales. Solo las transacciones monetizadas fueron contadas como productivas devaluando su subsistencia, trabajo cooperativo, cultura indígena, ahorro de semillas y administrando a las personas comunes como improductivos y subdesarrollados. La segunda mitad del siglo veinte vio la continua desposeción de culturas campesinas, intensificadas recientemente con reformas neo-liberales.[3]
Las reformas neo-liberales tiene a los estados como autores, en su condición de Miembros de la OMC. La redefinición de la seguridad alimentaria como una relación de mercado fue introducida en la Ronda Uruguay por los EEUU para asegurar una ventaja competitiva a sus agro negocios. El AA de la OMC retiene esta dimensión geopolítica al privilegiar los agro negocios del norte y sus excedentes de producción. El dumping competitivo socavó el sistema de precios estables y la administración de los excedentes alimentarios de los 1980's característicos del régimen alimentario centrado en EEUU. Los precios agrícolas mundiales cayeron desde una media de cien en 1975 a sesenta y uno en 1989, una caída del 39%.[4] Sin tener relación con los costos de producción los precios mundiales revelaron un nuevo régimen alimentario corporativo para ser institucionalizado a través de la OMC. En este contexto, las regiones agro exportadoras (EEUU y UE) fueron forzadas, a través de la relación competitiva a sincronizar la política agrícola.
Una primera víctima del régimen alimentario corporativo fue la seguridad alimentaria nacional - el Secretario de Agricultura de EEUU comentó en 1986: " La idea de que los países en desarrollo deban alimentarse a sí mismos es un anacronismo… Ellos pueden asegurar mejor su seguridad alimentaria apoyándose en los productos agrícolas de EEUU que están disponibles en la mayoría de los casos a un menor costo.[5] En otras palabras una nueva forma de seguridad alimentaria global se consigue a través de la construcción política de los precios de los productos básicos. A través de las negociaciones de la Ronda Uruguay y luego con el Acuerdo sobre Agricultura de la OMC la UE cambió de las políticas de sostenimiento de precios agrícolas de la Política Común Agrícola -PAC- hacia pagos directos al estilo de los subsidios directos del gobierno de EEUU. Esto introdujo el ' precio mundial' a los agricultores europeos, estimulando en lugar de eliminar excedentes y favoreciendo comerciantes sobre productores.
El 'precio mundial' desfavoreció a los agricultores a través del mundo y favoreció a los agro negocios. Comerciantes y procesadores compran productos básicos a través de contratos agrícolas a bajos precios sin relación con los costos de producción. Por ejemplo maíz artificialmente barato para procesadores, suscribe el crecimiento de comida rápida, y para los comerciantes es un arma de dumping contra campesinos mexicanos y pequeños granjeros en Las Filipinas. El desposeimiento de agricultores en el Sur global es fuente de mano de obra agrícola barata para estrategias globales de contratación de los agro negocios para ejercer presión adicional hacia abajo en los agricultores del Norte.[6] El resultado es un éxodo global de agricultores y la concentración de la agricultura corporativa. Esta es la relevancia de la crítica de Cancún por Vía Campesina.
Las Ministeriales de la OMC revelan una asimetría política Norte/Sur. A pesar de la retórica del libre comercio, la institucionalización de la agenda del norte en el AA de la OMC, ha construido una ventaja comparativa geopolítica al desregular un mercado mundial altamente desigual. Los países del norte tienen recursos para mantener el poder de los agro negocios, aún con la decimación de sus agricultores por precios de productos básicos declinantes. Los países del Sur abrieron sus mercados agrícolas a través de requisitos de importación mínimos, reducción de aranceles y de subsidios al productor, con la esperanza de mejorar su ingreso en divisas extranjeras provenientes de una expansión de las agro-exportaciones. Esta política coincidió con la insistencia del FMI y el Banco Mundial de que las agro-exportaciones era una parte clave del ajuste estructural para resolver el endeudamiento, transformando los sectores agrícolas en segmentos de la 'agricultura mundial', sirviendo a empresas globales que manejan el sistema mundial de alimentos como un tablero de ajedrez gigante.
Al exigir consistencia en la liberalización del comercio, el G-20 cumple con la construcción de un régimen alimentario corporativo de una agricultura mundial. Esto implica más que un acelerado intercambio de alimentos a través de fronteras. Esto esta enraizado en el principio de la 'apropiación' de la revolución verde: la remoción progresiva de los componentes de la producción agrícola del control del agricultor a través de la intervención corporativa en procesos naturales,[7] comenzando con semillas de bio-ingeniería, complementada con una gama de insumos químicos y mecánicos y simbolizada por la explosión de una agricultura de fábrica centrada en una industria mundial ganadera proveída por alimentos concentrados especializados. Verde y genes, las tecnologías revolucionarias profundizan la eliminación de la biodiversidad, del ahorro de semillas y los conocimientos tradicionales a través de monoculturas agro industriales sancionadas por el protocolo ADPIC de la OMC, que institucionalizaría la patente privada de genes. La agricultura mundial es reconfigurada cada vez más como un conjunto de insumos para procesadores de alimentos, productores ganaderos, empresas químicas y detallistas globales. Este 'alimento de ninguna parte' [8] se basa en la marginalización de 20-30 millones de pequeños agricultores por el impacto de la liberalización del comercio[9].
Basado en la 'acumulación de la desposesión' [10] el régimen corporativo de alimentos no solo socava la agricultura local sino que también el aprovisionamiento informal (Wet markets, vendedores informales y los paisanos). La industria de comida rápida se basa en expropiación de las prácticas de cocina doméstica y la revolución global del supermercado absorbe productores independientes y mercados locales dentro de nuevos circuitos corporativos. La industria ganadera de Brasil es ahora organizada por supermercados europeos para el mercado global y la agricultura industrial está transformando sectores alimentarios en los países de ingresos medios a través del Sur global. Asia, cuya clase consumidora global sobrepasa la de Norte América y de Europa combinada encabeza la revolución ganadera. Dos tercios del crecimiento global del consumo de carne tiene lugar en el Sur aprovisionado por soja brasileña. A medida que la clase media china emerge, China ha cambiado de ser un exportado de soja a ser el principal importador mundial.
La paradoja del régimen alimentario corporativo es que a medida que extiende los patrones de consumo de abundancia, presentando la integración global como la condición para el desarrollo y la seguridad alimentaria hunde en la miseria a las poblaciones rurales, incluyendo su fuerza laboral. Los mercados 'libres' excluyen y/o matan de hambre poblaciones desposeídas a través de su introducción. Esto es la reproducción de la abundancia a través del régimen corporativo alimentario se apoya en la base de una crisis social y ecológica.[11]
Vía Campesina argumenta que la seguridad alimentaria depende de la soberanía alimentaria y sostiene que "los alimentos son primero y sobretodo una fuente de nutrición y solo secundariamente un ítem de comercio" (2002). Esta interpreta reemplazar un régimen singular donde el comercio es el fin, con un sistema estratificado de reglas y prácticas donde el comercio no es un fin sino un medio para la justicia social y económica y la sustentabilidad de culturas y ecologías. Esta es una visión de modernidad alternativa que afirma el "derecho de los pueblos, comunidades y países a definir sus propias políticas agrícolas, laborales, pesqueras, alimentarias y de repartición de la tierra que sean ecológica, social, económica y culturalmente apropiadas para sus circunstancias específicas." En este concepto es central la noción de autodeterminación de las comunidades para redefinir por ellas mismas la sustancia de las relaciones alimentarias apropiadas a sus geografías sociales. La idea, (similar a la del Zapatismo) es que el estado garantice los derechos, pero sin delimitar su contenido. Paralelo a esto está el comercio justo, que busca devolver principios sustantivos reconociendo las relaciones sociales, culturales y ambientales en los intercambios alimentarios - donde los estándares enraizados en las convenciones de la OIT se mantienen a través de la organización democrática y el principio de subsidiaridad.
Desde este punto de vista el comercio como tal es inexistente, visto que el mercado ha sido institucionalizado como un instrumento corporativo para deshacerse de excedentes alimentarios, protegiendo las estrategias de contratación global de los agro negocios, y un vehículo para la penetración de los sectores agrícolas facilitado últimamente por la movilidad del capital financiero. De acuerdo a Joao Stedille del MST, la agricultura mundial está dominada por diez corporaciones transnacionales (CTN) tales como Monsanto, Bayer, Cargill, Nestlé, Syngenta, BASF, Novartis y ADM, que controlan agricultura comercial, agro negocios, agro toxinas y semillas con el objetivo final de controlar la entera cadena alimentaria.
Vía Campesina por lo tanto argumenta que la OMC, una "institución totalmente inapropiada para una toma de decisiones democrática" en cuanto concierne soberanía alimentaria y sustentabilidad social y ecológica debiera salirse del tema de agricultura. Su crítica del G-20 es que "el incremento de la liberalización y un acceso a mercados generalizado servirá solo para fortalecer el agarre de los carteles de agro negocios multinacionales profundizando los problemas de pobreza y exclusión social de millones de personas en el mundo" (2003). Al notar que el "movimiento masivo de alimentos a través del mundo está forzando a un creciente movimiento de gentes," la Vía Campesina ofrece un nuevo paradigma basado en la sustentabilidad de la comunidad como el ancla de una alternativa descentralizada de globalización. Aquí, la soberanía alimentaria depende del acceso al crédito, con el tema de la tierra y los precios justos a ser sean fijados por normas negociadas en unas Naciones Unidas reformadas (UNCTAD) y instituciones multilaterales alternativas, tales como la Convención sobre Soberanía Alimentaria y Comercio de Alimentos y Agricultura, una Corte Internacional de Justicia, una Comisión Mundial en Agricultura Sustentable y Soberanía Alimentaria, etc. Pregunta Bové: "¿Porque un mercado global debe substraerse a las reglas del derecho internacional o a las convenciones de derechos humanos emitidas por las Naciones Unidas?".
El movimiento hacia una alternativa de modernidad, representado por Vía Campesina y otros grupos asociados, levanta objeciones sobre un régimen manejado por estados crecientemente privatizados, en el nombre de una agricultura mundial corporativa. El movimiento por la soberanía alimentaria ofrece alternativas cosmopolitas basadas en políticas de participación, al corriente de una economía global moral y que miran a la realización substantiva (sostenible) de la seguridad alimentaria.
[1] El concepto viene originalmente del trabajo de Harriet Friedmann (U. Toronto) [2] Aileen Kwa (2002) Focus on the Global South, Abril 15 [3] En los 1990s la población urbana global aumentó 36%, y el reciente foro urbano mundial de la ONU predijo que los habitantes de los barrios marginales podrían doblarse dentro de los próximos 25 años a más de 2 billones de personas - casi un cuarto de la población mundial. [4] Los precios agrícolas cayeron 30% o más entre 1975-99 y The Economist señala que los precios están en su nivel más bajo en un siglo y medio. [5] Citado por Robert Schaeffer (1995) capítulo sobre Food & Agrarian Orders in the World-Economy, ed, P. McMichael. [6] Vea por ejemplo el reporte sobre NAFTA en Public Citizen's (2001): www.citizen.org/documents/ACFF2.pdf [7] Vea D. Goodman, B.Sorj y J. Wilkinson (1987) From Farming to Biotechnology. [8] J. Bove y F. Dufour (2001) The World is not for Sale. [9] J. Madeley (200) Hungry for Trade. Este es un estimado conservador. [10] D. Harvey (2003) The New Imperialism. [11] Esta relación imperial viene desde el período colonial. Vea M. Davis (2001) Late Victorian Holocausts.
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