Mal tiempo financiero

Por Umberto Mazzei

Ginebra 01/08/2011

 

La prensa anuncia hoy, 1Ľ de agosto, un acuerdo de base entre el ejecutivo y varios bandos del Congreso de Estados Unidos, sobre el asunto de alzar el techo del dŽficit norteamericano y de recortar gastos. Una extra–a idea que autoriza a gastar m‡s, pero gastando menos. Gastando menos en los programas sociales, se entiende; no es que se quiera ahorrar en cohetes que cuestan mśltiples millones o en soldados que cuestan un mill—n al a–o. Es que esos gastos garantizan la seguridad de Estados Unidos, amenazada por Afganist‡n, Irak, Libia, Pakist‡n, Somalia, Yemen y potencialmente, el resto del mundo no anglosaj—n.

 

El acuerdo tiene cr’ticos, como el Premio Nobel de Econom’a Paul Krugman, quien en el New York Times[1] nos dice hoy : ŇLa peor cosa que se puede hacer en esta circunstancia es cortar el gasto gubernamental, porque va a deprimir m‡s aśn la econom’a. No haga caso a quienes invocan el cuento de la confianza y dicen que un enŽrgico corte del presupuesto dar‡ confianza a empresarios y consumidores, para que gasten m‡s. Eso no funciona as’ y lo confirman muchos estudios del comportamiento hist—ricoÓ Argumenta Krugman que recortar el gasto mientras la econom’a est‡ deprimida no ayudar‡ con el gasto presupuestario, porque al debilitar la econom’a disminuyen los futuros ingresos fiscales.

Krugman tiene raz—n. El acuerdo se negoci— a expensas de los trabajadores o de los pobres que necesitan el estado, sin pedir a los ricos el menor sacrificio para equilibrar el presupuesto, como ser’a aumentar los impuestos. Estimular la econom’a con gasto pśblico no s—lo pondr’a  gente a trabajar sino que incrementar’a el ingreso pśblico y encoger’a el dŽficit. Haber escogido recortar el gasto durante la actual recesi—n paraliza el crecimiento, aumenta la desocupaci—n y hace bajar el consumo. El argumento base del acuerdo es que la inversi—n pśblica y el endeudamiento estatal est‡n limitando la inversi—n privada; pero es que igual seguir‡ sin haberla para la econom’a real. La inversi—n es para subir el mercado financiero. 

Como antes de la crisis, nadie supervisa el mercado financiero, que es virtual, donde el dinero sigue fluyendo sin contacto con la econom’a real, igual o peor que antes. El gobierno sigue sin querer regresar siquiera a la Glass Steagall Act de 1993, que establec’a la absoluta separaci—n entre bancos comerciales y bancos financieros. La Reserva Federal – que es un consorcio de bancos privados- decidi— inundar el mundo con d—lares al transformar, en 2009, una deuda privada t—xica en deuda pśblica. Esos nuevos millones de millones se usaron para especular con bienes b‡sicos en las bolsas, invertir en el mercado inmobiliario de las econom’as emergentes y dar grandes bonos para los altos ejecutivos; nada de eso se invirti— en activos productivos que aumenten el empleo en Estados Unidos.

En todo caso, el acuerdo sobre el techo presupuesto de los Estados Unidos no cambia nada la imposibilidad de que el pa’s llegue alguna vez a pagar sus deudas. La deuda presupuestada anda por 16 billones (trillions) y la deuda total de obligaciones financieras gira por los 150 billones (millones de millones). Esta ultima cifra, segśn gr‡ficos que circulan en Internet, expresada en billetes de $100 tendr’a un volumen y una altura dos veces superior a la que tuvieron las torres gemelas. En esas condiciones el d—lar estadounidense no puede seguir siendo el valor de referencia y hay fuertes indicios sobre la inminencia de un colapso.  

 

 

 

Los bonos europeos    

Se ha hecho mucho ruido con los bonos de los pa’ses europeos con dŽficit presupuestarios grandes. Las agencias de evaluaci—n de riesgo les ponen malas notas y eso hace subir los intereses y dificulta m‡s aśn el servicio de sus deudas. AmŽrica Latina sabe algo de esa trampa. Se debe recordar que son las mismas agencias que dieron a Lehman Brothers, Fanny Mae y al resto de la banda, buenas calificaciones hasta su colapso y que hoy califican de AAA las deudas de Estados Unidos, a pesar de que sus deudas en relaci—n al PIB son mucho m‡s grandes que las de Grecia o Irlanda.

 

Gracias a las agencias calificadoras, sube el interŽs para los bonos de dos a–os de esos pa’ses. El de los bonos portugueses est‡ por encima del 20%; el de los bonos irlandeses por encima del 23%; el de los bonos griegos en el 35%. No hay manera de que puedan ser pagados sin vender todas las empresas pśblicas y esa es probablemente una raz—n oculta para todo el ruido sobre el tema. Hacer bajar de valor el euro, para facilitar la fuga del d—lar y bajar el valor de las empresas pśblicas para comprarlas a precio vil y hacerlas monopolios privados.

 

A la ra’z del problema est‡ una pol’tica de prestamos de bancos privados para controlar la inflaci—n, una tendencia ligada al pleno empleo. Jacques Rueff propuso – en 1958- usar la pol’tica monetaria para frenar el aumento de precios y se acept— desde entonces. Esa pr‡ctica es desfavorable para los gobiernos porque obliga a pedir prestado a los bancos privados, pagando intereses de mercado,  para mantener el nivel de las reservas. Una pr‡ctica parecida al papel de la Reserva Federal en Estados Unidos. Se convierte el gasto pśblico en un canal que lleva dinero a los bancos y sus accionistas. Es una situaci—n que suele deteriorarse porque es dif’cil que los pa’ses logren un equilibrio entre el interŽs del Estado y el de los banqueros.

 

Ese tipo de problema es bien conocido en el Tercer Mundo y una soluci—n la dio Argentina. Los acreedores deben compartir el costo de sus equivocaciones con los deudores. Menem y Cavallo, siguiendo recetas del FMI, ataron el peso al d—lar y endeudaron el pa’s hasta lo impagable. La econom’a al final colaps— y echaron a tres presidentes en dos meses. Lleg— Nestor Kirchner, dej— flotar el peso y anunci— a los bancos acreedores que entrar’a en cesaci—n de pagos si no reduc’an la deuda. Al final la deuda fue reestructurada y reducida entre 25 y 35%, segśn los casos. Argentina pago su deuda al FMI y abandon— sus recetas.

 

Una soluci—n de ese tipo, ser’a que Grecia abandone el euro, vuelva al dracma y renegocie. Los deudores griegos son mayormente bancos que deben a bancos extranjeros, principalmente alemanes, franceses, ingleses y americanos. Cada vez es m‡s claro que los bancos controlan los gobiernos de las democracias y los pol’ticos no los dejar‡n perder ni siquiera los intereses. Los gobiernos europeos har‡n malabarismos, crear‡n un Fondo Monetario Europeo, endeudar‡n a los pueblos de Europa, pero se pagar‡ a los bancos. Por ahora.

 

Indicios de una nueva crisis.

El a–o 2011, ya muestra signos de que sigue el desorden en los medios financieros y se presiente una crisis muy pr—xima y m‡s grande, porque los pa’ses ya no tienen recursos pśblicos para re-inflar la burbuja de los valores en que invirtieron los bancos.

 

En 2008 la primera se–al fue la ca’da de las acciones de los bancos. En 2011, de nuevo los bancos Ňmuy grandes para caerÓ dan indicios de estar en dificultades. Las acciones del Bank of America bajaron 27% durante este a–o. Las de Goldman Sachs y Morgan Stanley bajaron a niveles de hace dos a–os. American Express, Citicorp, JP Morgan y Travelers tambiŽn han visto bajar sus acciones[2], al igual que en Europa el Unicredit y Commerzbank[3]. Wells Fargo est‡ en grandes dificultades. El oro ya pas— la barrera de los $1600 la onza.

 

Otro mal signo son los despidos masivos. El a–o pasado los bancos repartieron bonos millonarios entre sus ejecutivos, para recompensar sus Žxitos y efectividad. Es inexplicable que unos bancos salvados de la quiebra con una eyecci—n de un bill—n y medio (mill—n y 1/2 de millones), al a–o siguiente repartieran los premios m‡s elevados otorgados nunca. Luego, unos meses despuŽs, Barclays Capital, Goldman Sachs, Bank of America, PMorgan Chase, Morgan Stanley y bancos europeos como LLoyds, UBS y Credit Suisse realizan despidos masivos porque las ganancias andan flojas[4].

 

Las agencias de evaluaci—n de riesgo hablan de rebajar la nota de algunos bancos. MoodyŐs ya dijo pśblicamente que subir‡ el riesgo en las deudas del Bank of America, Citigroup y Wells Fargo. Ya se dice abiertamente que el mal manejo financiero, la fragilidad de la econom’a de Estados Unidos y un US d—lar que pierde valor (25% en un a–o, con el franco suizo) hay que usar otras referencias de valor internacional. Lo han dicho los Presidentes de UNASUR, que se ven estafados en sus reservas. Lo dice Vladimir Putin, quien calific— la econom’a de Estados Unidos de Ňpar‡sitaÓ que vive por encima de sus medios gracias al monopolio del d—lar.

 

El gasto militar de los Estados Unidos[5]

Nadie niega que Estados Unidos tiene la supremac’a militar y nadie lo amenaza militarmente. Por eso es parad—jico que mientras recorta su presupuesto social mantenga un presupuesto militar mayor que el del resto del mundo combinado. Para 2010, el presupuesto militar oficial fue de $500 millardos; con otros $130 millardos para la ŇGuerra al TerrorismoÓ; 33 millardos para otros gastos, sin incluir seguridad domŽstica, inteligencia militar o el mantenimiento del arsenal nuclear. Con tanto secreto, es probable que nadie conozca el presupuesto total, pero debe aproximarse al bill—n (US trillion).

 

Gran parte se gasta s—lo para enriquecer el complejo militar industrial del que advirti— el Presidente Einsenhower. Mucho dinero para barcos, aviones, cohetes, tanques y nuevas armas electr—nicas. Un dinero que ser’a m‡s reproductivo en las ‡reas sociales como salud y educaci—n que ser‡n las principales v’ctimas del recorte de 2,1 billones. Veamos los precios de algunos de esos juguetes, digamos mejor, los precios que se cree conocer.     

   

Portaviones USS George H.W. Bush (CVN-77)

Este portaviones lo bautiz— el Presidente Bush II para honrar a su pap‡, Presidente Bush I. Es el śltimo portaviones de la clase Nimitz de la US Navy. Lo construy— Northrop Grumman con un costo de 6,2 millardos. Tiene 300 metros de largo, navega a 30 nudos y cuenta con dos motores nucleares que le dan una autonom’a ilimitada. Como no es de utilidad contra las guerrillas de Afganist‡n o Irak, se apolilla en Virginia.

 

 

Northrop Grumman B-2 Spirit

Es un bombardero no detectable por el radar, conocido tambiŽn como Stealth Bomber. Sirve para llevar bombas convencionales o at—micas. De este avi—n existen 21 ejemplares. El costo total del B2 es de $2 millardos. Fue usado contra Serbia en Kosovo, contra Irak, contra Afganist‡n y ahora contra Libia, segśn la BBC.

 

Lockheed Martin F-35 Lightning II

The F-35 se utiliza para ataques contra objetivos terrestres, mar’timos y aŽreos, es supers—nico, tiene un ca–—n Gatling de 4 tubos y usa 8 tipos de misiles. Cada F-35 cuesta $122 millones y Estados Unidos a encargado 2000, por un total de 323 millardos. Con esa venta la Lockhead Martin captur— el mayor contrato militar de la historia.  

 

Boeing EA-18G Growler

El Growler es un caza para guerra electr—nica basado en portaviones. Su objetivo es disturbar radares, comunicaciones y fuentes de energ’a emitiendo radiaciones electromagnŽticas. Es un avi—n nuevo que comenz— a operar en 2009. El costo de cada unidad es de 67 millones.

 

Grumman E-2D Advanced Hawkeye

El E-2D tiene un sistema de radar y comunicaciones que triplica el alcance de sus antecesores.
Su primer vuelo fue en 2007 y cuesta $232 millones.
Se comenz— a entregar a la US Navy en 2010.

 

Expeditionary Fighting Vehicle

Es un tanque anfibio con capacidad para desembarcar una escuadra de infantes de marina con todo su equipo. Lo fabrica la General Dynamics y cada unidad cuesta $22 millones. El programa de producci—n es por 15 millardos y ser‡ completado en 2015.  

Mientras acepte el d—lar como moneda internacional el mundo financia todo ese armamento. Su posesi—n incita al ataque militar contra peque–os pa’ses, aunque luego no los puedan controlar. El futuro econ—mico probable hace preguntarse si luego habr‡ el dinero para el mantenimiento de tanto fierro.

Otros malos indicios  

Fuera del desorden del sector financiero, hay otros signos que anuncian que se sigue en recesi—n y que los billones de ŇestimuloÓ no han cambiado nada, fuera de volver a inflar valores de bolsa.

 

Desocupaci—n:

La cifra oficial de desempleados en Estados Unidos es de 14 millones, que se acerca al 10%, pero si se mide con las reglas que hubo hasta la administraci—n Clinton, el desempleo real est‡ entorno al 22%. La pŽrdida o la amenaza de perder sus hogares ha hecho regresar al trabajo a muchas personas y eso aumenta la oferta laboral mientras la demanda se reduce. Hay cinco millones que llevan m‡s de un a–o desocupados, pero esa cifra no incluye a los que dejaron de registrarse porque se agotaron sus pensiones de desempleo. Aquellos que ya no reciben ayuda pesan sobre los ingresos de sus allegados y recortan su capacidad de consumo. Un informe reciente del UBS pronostica que en Estados Unidos los gobiernos federal y estatal despedir‡n  450.000 empleados entre este a–o y 2012.

 

Inflaci—n:

A medida que se hunde el valor del d—lar, suben los precios en Estados Unidos, algo l—gico en una econom’a netamente importadora. La inflaci—n erosiona el poder adquisitivo de ahorros y pensiones y angustia al consumidor. Este a–o la tendencia inflacionaria se ha hecho evidente. La ropa de verano, que es la m‡s barata, subi— 20% y es plausible que suba mas que eso la ropa de oto–o. Los alimentos han subido y este a–o se paga m‡s por carne, verduras, cereales y azścar.      

 

Precio de combustibles:

Cada vez que sube el precio del petr—leo suben el precio de los combustibles, cuando luego baja el petr—leo, el precio del combustible al pśblico se queda casi igual, hasta la pr—xima subida. En la śltima especulaci—n lleg— a los $140 d—lares el barril y luego bajo a $50. Esta vez hay estabilidad: el petr—leo subi— por encima de los $100 el barril  y se ha quedado all’. Como el petr—leo se cotiza en d—lares y el d—lar cay— 36% en un a–o, en realidad ha subido mucho s—lo para los presupuestos basado en d—lares. 

 

Ventas de automotores

DespuŽs de una inyecci—n de unos $30 millardos, la industria automotriz resucit—, aunque s—lo para los trabajadores que no fueron despedidos. Durante el 2010 las ventas crecieron y la General Motors y la Chrysler salieron de la quiebra. Desde mayo 2011 las ventas de las tres marcas norteamericanas han bajado 1%. Esto puede atribuirse al aumento del precio del combustible, combinado con una disminuci—n de la capacidad de consumo. Una mala se–al de la econom’a para la estabilidad de sus trabajadores.   

 

DŽficit pśblico en Estados Unidos

No es plausible que una econom’a que crece s—lo un 2% vaya a mejorar la relaci—n entre el PIB y un dŽficit federal que crece. Tampoco el recien aprobado recorte presupuestario de 4,1 billones (US trillions) en 10 a–os reduzca el dŽficit, porque el crecimiento del gasto pśblico previsto para 2021 es mucho mayor que el recorte. La mayor’a de los Estados tiene ya un dŽficit presupuestario que en el caso de California y New York son masivos y laboralmente conflictivos; eso sube los intereses que deben pagar por sus deudas. Es notoria la represi—n violenta de manifestantes en Madison, Wisconsin, que protestaban porque el gobernador rebaj— beneficios laborales adquiridos y despidi— gente para cubrir un dŽficit de 140 millones; hubo quien se–al— que ese ahorro pod’a haberse hecho retirando 140 soldados de Afganist‡n.   

 

Conclusiones

Los Estados Unidos siguen gastando en un ‡rea poco reproductiva como la militar y recortan gasto en sectores productivos como salud y educaci—n, mientras siguen en recesi—n. Con tales errores, la importancia econ—mica internacional del d—lar y del pa’s disminuye. Hay claras se–ales de otro desastre inminente en el ‡rea financiera, pero sigue aplic‡ndose la pol’tica dictada por Wall Street a Estados Unidos y Europa. Desde 2007 es evidente que el problema de las finanzas virtuales afecta la actividad econ—mica mundial y la situaci—n no es peor porque gigantes como Brasil, Rusia, India y China siguen creciendo y la mayor’a de los pa’ses trabajan en la econom’a real: esa que trabaja y que produce bienes tangibles que se venden y consumen. La que alimenta a ese 99,9% del mundo, que no son banqueros ni pol’ticos psic—patas elegidos a punta de dinero.

 

 



[1] New York Times, 01/08/2011; The President Surrenders by Paul Krugman

 

[2] http://money.cnn.com/2011/07/18/markets/markets_newyork/index.  CNN,Julio 18, 2011

[3] http://www.cnbc.com/id/43798439

[4] http://theeconomiccollapseblog.com/archives/18-signs-that-global-financial-markets-smell-blood-in-the-water#ixzz1SZiNDKZi

[5] Notas tomadas de ŇThe Most Expensive WeaponsÓ por Daniel Bukszpan, para CNBC.com
Publicado el 05/05/ 2011