Apuntes sobre Sismondi, para este siglo XXI
Por Umberto
Mazzei
Ginebra,
26/11/2010
ÒEntre los errores que hemos cometido todos, el m‡s importante error fue
creer que alguien sab’a de socialismo, o que sab’a de c—mo se construye el
socialismo.Ó
Fidel Castro (Universidad de la Habana, 17/11/2010)
El socialismo del
siglo XXI – como dir’a Pirandello- es un personaje en busca de autor. Cuando
lo encuentre, seguro que desplazar‡ la presente versi—n del capitalismo, que
m‡s que salvaje, parece enloquecido. Por ahora, el socialismo XXI es m‡s una aspiraci—n que una propuesta
concreta. Aspiraci—n balbuciente, pero profunda, urgente, telœrica. Necesita
hilar la filosof’a de sus valores y la doctrina de su acci—n. Ambas son necesarias
para forjar una propuesta pol’tica coherente, que evite esa improvisaci—n que
genera desorden y descrŽdito.
Capitalismo y
especulaci—n han existido siempre, desde la antigŸedad. Cuentan la astucia de
Tales de Mileto - si, el del teorema- que compr— a futuro todas las olivas de
su ciudad y se hizo rico fijando luego su precio. La influencia del dinero en
la pol’tica tambiŽn: el riqu’simo Marco Licinio Craso financi— las campa–as
pol’ticas de Julio Cesar en la Roma republicana. M‡s cerca tenemos a los banqueros
de las repœblicas medievales italianas y alemanas que, como los Medici, que convirtieron su poder
econ—mico en din‡stico. Los Rothschild É
El capitalismo
actual – la versi—n liberal y neo liberal- evoluciona desde los siglos
XIX y XX, pero su objetivo es claro ahora, en el siglo XXI: el gobierno de los
ricos para los ricos. Su origen se le atribuye al fil—sofo Adam Smith, pero no
es cierto. Smith lo sabe y lo rechaza: ÒTodo para nosotros y nada para los
dem‡s, he all’ la vil m‡xima que parece haber sido desde siempre la de los
due–os de la especie humana.Ó.[1]
Su madre es el aduanero y corredor de bolsa David Ricardo, quien en su Žpoca pidi—
eliminar la Corn Law[2]
y abrir la importaci—n de cereales para que al abaratarse el pan se pudiera bajar
m‡s aœn los salarios y aumentar la ganancia de los patrones[3].
Actualidad de
Sismondi
Hay un
historiador y economista adversario de David Ricardo y su seguidor Jean
Baptiste Say que tambiŽn desarroll— la tesis de Adam Smith, pero con visi—n social
y fue mucho m‡s all‡. Se trata de Jean Charles Sismondi, un pensador ginebrino
que los neoliberales tratan de hacer olvidar, cuya filosof’a econ—mica admite
la propiedad privada, pero canalizada por la utilidad social.
La esencia de su
pensamiento es que el capitalismo s—lo puede ser pr—spero y estable si se pagan
buenos salarios, porque esos ingresos de los trabajadores son el mercado indispensable
para vender los productos. Dice que si los ricos ingleses acaparan toda la
riqueza nacional (Žpoca de la
revoluci—n industrial) tendr‡n que buscar mercados afuera (imperialismo) y que
si no se equilibra la producci—n y la demanda, el sistema est‡ destinado a
vivir de crisis en crisis.
Sismondi es el
œnico economista que Karl Marx cita en el Manifiesto Comunista, un honor caro,
porque, como dice Jean Weiller[4],
se suelen olvidar las trece l’neas donde lo elogia y retener s—lo las œltimas
6, donde lo llama Òut—picoÓ y socialista Òpeque–o burguŽsÓ. Creo que, a pesar
de lo que diga Marx, hay que rescatar los aportes de Sismondi para un
socialismo moderno. Un socialismo para el siglo XXI tiene que ser una s’ntesis
de las experiencias anteriores, que aprenda de sus errores y de sus aciertos.
Las experiencias socialistas con Žxito econ—mico y social, las entumecidas por
falta de dinamismo o aquellas que colapsaron.
Otro motivo de
estudio deben ser las versiones de la social democracia que prosperaron en la
Europa capitalista por una confluencia de ideas Keynesianas, poder sindical y temor
a la Uni—n SoviŽtica. En AmŽrica Latina esas ideas no pasaron de ser una pose
pol’tica y en Estados Unidos funcionaron a desgano con el New Deal. Su legado es
un v‡lido sistema de protecci—n social, que ahora se desmantela porque no queda
dinero desde que los pol’ticos entregaron los fondos pœblicos a unos banqueros
en apuros.
Sismondi para
el futuro
Sismondi tiene
dos tipos de aporte para el siglo XXI, que son complementarios. Uno sobre el
sistema pol’tico y otro sobre el sistema econ—mico. En este escrito apenas haremos
un gui–o a su pol’tica institucional; el Žnfasis lo pondremos en dar unos
trazos que resalten lo importante de su estudio para una econom’a socialista m‡s
realista, m‡s estableÉ y menos tr‡gica.
a) Aportes al Sistema
Pol’tico
Su aporte pol’tico
es como historiador. Sismondi describi— y analiz— varios temas hist—ricos pero para
lo institucional nos interesa su an‡lisis sobre las republicas comunales
italianas, muertas bajo el absolutismo real y pontificio. Su œltimo exponente
–Venecia- pereci— en el Congreso de Viena. Ese sistema comunal nos sac—
de la Edad Media y gest— la revoluci—n cultural y econ—mica que conocemos como
el Renacimiento. De aquel modelo comunal quedan vestigios en el sistema
cantonal suizo.
El modelo comunal
es m‡s reciente y adhiere mejor a las realidades sociales org‡nicas que el cacareado
modelo ateniense, que ni siquiera fue igualitario[5].
Su estudio deja ideas para un sistema republicano que sea m‡s representativo de
la aspiraci—n pol’tica general. Ha sido muy se–alado que las repœblicas actuales
no funcionan sobre las aspiraciones de las comunidades, sino sobre masas
an—nimas movilizadas, a las que es f‡cil pastorear segœn diga el dinero grande y
sus medios de comunicaci—n[6].
b) Aportes al
Sistema econ—mico
La principal obra
econ—mica de Sismondi es ÒNuevos Principios de Econom’a Pol’tica o de la
riqueza en su relaci—n con la poblaci—nÓ, publicada en 1819. Comencemos por
mirar a Sismondi desde la perspectiva de Marx, pues Marx tiene que ver con su
olvido: lo elogia a veces y al final lo descalifica. Actitud algo ingrata
porque nadie puede negar la influencia de Sismondi en la tesis marxista. Cuando
Marx le dice ut—pico, recordemos que fue Marx quien hablo de solidaridad de la
clase trabajadora. La solidaridad de clase claro que existe, Ápero entre los
ricos! La condici—n t’pica del pobre es el s‡lvese quien pueda. Sismondi lo dice
y no espera la redenci—n de los trabajadores de una revoluci—n proletaria sino del
control estatal.
Lo mas pertinente
de Sismondi para estos d’as es su temprano anuncio de que las crisis son cosa impl’cita
en el sistema capitalista por su incoherencia. Sobre eso dice Marx, ÒEl
an‡lisis de Ricardo es con frecuencia absurdo. Sismondi en cambio se–ala los
limites (de adaptar la producci—n a las necesidades) que son obra del propio capital,
que choca con sus contradiccionesÓ[7]
y a–ade ÒLas crisis no son para Žl accidentes, como dice Ricardo, sino
explosiones esencialesÓ[8].
La opini—n de Marx sobre ambos es clara ÒLa historia de la econom’a pol’tica
moderna (É) se completa con Ricardo y Sismondi, dos ant’podasÓ[9].
En el libro
primero de El Capital, Marx cita a Sismondi elogiosamente y con mucha
frecuencia.[10] En el libro
segundo tambiŽn lo sigue,[11]
pero sœbitamente lo ataca y dice que su aporte al estudio de la relaci—n entre
capital e ingreso Òno tiene una sola palabra cient’ficaÓ[12].
En lo econ—mico-social
Sismondi da el paso intermedio entre Francois Quesnay[13]
y Marx. Fue Sismondi quien remplaz— la divisi—n en tres clases de Quesnay, (productiva,
propietarios y estŽril) por una que refleja la revoluci—n industrial:
capitalistas y asalariados. Es un esquema funcional y abstracto, que pone por
un lado los ingresos del capital (rentas, ganancias, intereses) y del otro a su
contraparte necesaria, el consumo. Un consumo que divide en dos: a) el consumo
indispensable (de supervivencia) y b) el consumo de lujo.
Es Sismondi quien
acu–a el tŽrmino ÒproletarioÓ y lo usa para definir a los trabajadores
manuales, a los pobres, a los que el sistema atribuye la funci—n de asegurar
con su prole la provisi—n
de fuerza de trabajo. ÒLa naci—n inglesa encontr— m‡s econ—mico É reducir todos
los obreros al salario m‡s bajo con el que puedan vivir y los obreros, que son proletarios,
profundizan su miseria criando familias siempre m‡s numerosas.Ó[14]
El pensamiento de
Sismondi tuvo afinidades con otros pensadores conocidos. Coincide con Thomas
Malthus en defender a los peque–os propietarios agr’colas y los sectores
amenazados por la revoluci—n industrial. Dice que sus ingresos son parte importante
de la Òdemanda efectivaÓ que es necesaria para el equilibrio entre
producci—n y consumo. Se queja de
que ÒNo hay mas campesinos en los campos,É no hay mas artesanos en las ciudades
o jefes independientes de peque–as industrias, solo f‡bricasÓ; pero no acompa–a
a Malthus en la idea de frenar la industrializaci—n. En ese tema tiene m‡s afinidad
con Claude de Saint-Simon, porque aprecia la utilidad de las m‡quinas, la
ciencia y la tecnolog’a: ÒNo es contra las m‡quinas, ni los descubrimientos, no
es contra la civilizaci—n que apuntan mis objeciones, es contra la organizaci—n
moderna de la sociedadÓ[15].
ÒYo no quiero regresar a lo que ha sido, pero quiero una cosa mejor de lo que
hayÓ- es como si hablara a nosotros.
Hay un p‡rrafo que
debo citar, porque describe un cuadro con trazos de paleta impresionista: ÒCon
pocos a–os de intervalo, dos crisis terribles arruinaron una parte de los
banqueros y extendieron la desolaci—n en todas las manufacturas inglesas; al
mismo tiempo otra crisis arruin— a los granjeros e hizo bajar el comercio al
detalle. Para colmo, ese comercio a pesar de su gran extensi—n dej— de atraer a
j—venes que quieran hacer carrera; todas las plazas est‡n ocupadas y tanto en
los rangos superiores de la sociedad como en los inferiores, un gran nœmero
ofrece en vano su trabajo sin poder obtener un salario.Ó[16]
ÀSuena conocido?
Mi prop—sito es
proponer el estudio de Sismondi, como una fuente para la nueva visi—n
socialista. Marx us— sus ideas, pero lo llam— mezquinamente Òsocialista peque–o
burguŽsÓ. Lenin le reproch— el incluir el sub-consumo como causa de las crisis
capitalistas, pero Nikolai Boukharin – uno de los mejores economistas
marxistas- aprobaba la explicaci—n de Sismondi y dec’a que sin el sub-consumo
la interpretaci—n marxista del capitalismo ser’a absurda.
El poeta y
pensador econ—mico venezolano Ydelfonso Finol sintetiza todo el planteamiento
cuando afirma que ÒEs falso que el socialismo tenga que estar asociado a
escasezÓ. China es hoy la segunda econom’a del mundo y sigue creciendo; pero su
mayor Žxito es que sac— de la pobreza a 400 millones y sigue sacando. Es un
ejemplo que evoluciona desde que Deng Chao Ping inici— la pol’tica de dejar
espacio a la iniciativa individual, pero siempre dentro de un marco dirigido al
beneficio colectivo.
Es innegable que el
marxismo-leninismo fracas— como productor de bienestar humano, sin olvidar que estuvo
obligado a invertir m‡s recursos en ca–ones que en pan y mantequilla. Creo que
para el siglo XXI es m‡s realista pensar en un socialismo menos Žpico; un
socialismo que luche por la seguridad de los trabajadores haciŽndolos propietarios
de algo, que estabilice su empleo, que nos haga a todos É socialistas peque–os
burgueses.
[1] Adam Smith, Investigaci—n sobre la
naturaleza y las causas de la riqueza de las naciones. Volumen II. Fondo de
Cultura Econ—mica, MŽxico, 1958.
[2] La Corn Law protegia la producci—n inglesa de cereales. Su derogaci—n creo
desempleo y pobreza en las zonas rurales y una emigraci—n hacia las ciudades
que abarataba la mano de obra. Leer a Charles Dickens.
[3] ÒHe tratado de demostrar, a travŽs de toda esta obra, que la tasa de
utilidades no podr‡ ser incrementada a menos que sean reducidos los salarios, y que no puede existir una baja
permanente de salarios sino a consecuencia de la baja del precio de los
productos necesarios en que los salarios se gastanÓ David Ricardo, Principios de econom’a y
tributaci—n, Fondo de Cultura Econ—mica, MŽxico, 1959, p. 101.
[4] Ean Weiller. Preface a Nouveaux Principes de Economie Politique,
Calmann – Levy, Paris, 1971.
[5] Arist—teles, cuando analiza la constituci—n de Atenas, dice que eran
considerados ciudadanos s—lo aquellos que no ejerc’an labores manuales. En esa
Žpoca – m‡s aœn que ahora- eso exclu’a a la gran mayor’a de la poblaci—n.
Por eso luego informa que eran ciudadanos unos 20 mil habitantes, sobre una
poblaci—n de medio mill—n.
[6][6] Leer autores tan dispares como: JosŽ Ortega y Gasset, La rebeli—n de las
masas; Jack London, El tal—n de hierro; Maurice Duverger, Los partidos
Pol’ticos; Giuseppe Maranini, La constituci—n de Venecia; Tšnnies, y tantos
otros m‡s.
[7] Karl Marx,
Principes dÕune critique de lÕEconomie politique, Ouvres I, PlŽiade, pag. 261 y
262. Traducci—n propia.
[8] Karl Marx, Ibid, Ouvres II. Pag. 1682. Traducci—n propia
[9] Karl Marx, Ibid. pag. 175. Traducci—n
propia.
[10] Para definir: el capital, el precio de la fuerza de trabajo, la plusval’a
relativa, la reproducci—n simple, el proceso de producci—n capitalista, la
acumulaci—n de capital, la conversi—n primitiva del dinero en capital, el
car‡cter antag—nico de la producci—n capitalista y la noci—n del asalariado.
[11] Para definir capital constante y capital variable, movimiento circular del
ingreso, la teor’a de las crisis y el papel del crŽdito en los procesos de
producci—n.
[12] Kart Marx, Ouvres II, pag. 751.
[13] Economista francŽs, fundador de la
primera escuela sistem‡tica de econom’a pol’tica y mŽdico de Luis XV.
[14] Jean Charles Sismondi, Nouveax Principes de Economie Politique,
Calmann-Levy, 1971, France. Pag.
54
[15] Jean Charles Sismondi, Sobre el
equilibrio del consumo con la producci—n. Revue EncyclopŽdique, 1824.
[16] Jean Charles
Sismondi, Nouveau Principes É , pag 53